Muchas veces solemos pensar que algo que nos presentan y nos parece muy bueno, puede ser la solución a todos los problemas de nuestra vida. Ese momento en el que nuestra mente explota con un pensamiento del estilo “¡¿Por qué no hice esto antes?!”, cuando se nos muestra una idea que parece abrirnos un mundo de posibilidades. Y sí, puede ser que efectivamente eso que funcionó tan bien para aquél que nos está planteando esa idea, funcione igual de bien para nosotros, o incluso aún mejor. Pero también puede ser que no.

He visto demasiadas veces ocurrir este hecho en el mundo laboral asociado a la agilidad. La metáfora del skate como muestra del desarrollo iterativo e incremental entregando con valor al cliente desde un inicio, pareció ser la primera solución que nos permitiría casi mágicamente convertirnos en empresas como Spotify o Google. Así, Scrum venía a ser la bala de plata que elimine todos los problemas de la rigidez del desarrollo de software con metodologías tradicionales. Sin embargo, en Scrum no todo es perfecto, y por ejemplo esperar 2 semanas (o una) para subir a Producción puede ser mucho tiempo. ¿Entonces?. ¡Kanban!. Sí, utilizando Kanban no tengo que preocuparme de los sprints, ¡ésa sí que es la bala de plata!. Pero… ¿realmente tenemos las herramientas para poder realizar subidas a Producción cada vez que queramos hacerlo? ¿Pueden nuestros procesos soportar esto? ¿No tiene que antes cambiar la empresa para poder sacarle el máximo provecho a los marcos ágiles? ¿Y si mi empresa no puede cambiar a la velocidad que necesito, sigue siendo Kanban la bala de plata que buscamos?

La última vez que me ocurrió algo como lo anterior fue muy recientemente, y estaba asociado a una forma particular de realizar Inceptions y posterior seguimiento a un determinado Producto/Proyecto. Para los que no están familiarizados con el concepto, un Inception es básicamente una reunión realizada al inicio de un Producto/Proyecto con todos los involucrados, con el objetivo de conocerse y alinearse lo máximo posible respecto a lo que se espera de éste. El resultado que se obtenía utilizando esta forma de Inception y el gráfico que permitía hacerle seguimiento al Producto/Proyecto era tan claro que parecía ser la solución a todos los problemas de visibilidad y comunicación que habíamos estado experimentando, y por lo tanto, ésa debía ser la forma de mostrar cómo todos vamos avanzado con cada Producto. Pero… ¿Es realmente un gráfico la solución a nuestros problemas de comunicación? ¿Es ésa la mejor forma de hacerlo de acuerdo a nuestra realidad particular?

La respuesta a la última pregunta mencionada es precisamente lo que creo hace la diferencia a la hora de enfrentarnos a una idea que parece “volarnos la mente”, y que promete ser la solución a todos nuestros problemas. Tomar a ciegas lo que se plantea y aplicarlo sin antes cuestionarnos si es lo más adecuado para nuestra realidad, puede ser una práctica que puede llevarnos a conclusiones erradas, desechando ideas que sólo requerían un ajuste para funcionar de buena forma. De esta forma, no es precisamente la idea planteada lo que nos ayuda, sino cómo de manera inteligente utilizamos las diversas herramientas que nos ofrece. No podemos decir por ejemplo que Scrum o Kanban u otras metodologías ágiles eliminen de raíz y de manera inmediata todos los inconvenientes con los que nos encontramos en el desarrollo tradicional, pero sí nos ofrecen un marco de trabajo que permite ser adaptado en mayor o menor medida a casi cualquier realidad actual.

¿Pero cómo sabemos si las propuestas evaluadas y los ajustes realizados nos están generando beneficios? Así como es importante tomar la idea y adaptarla para nuestra realidad, es también fundamental poder medir los resultados, por lo que debemos enfocarnos en qué queremos mejorar, y definir una forma clara de cuantificar si efectivamente aquella idea que nos pareció reveladora, nos ayuda a acercarnos a nuestro objetivo.

Todo lo escrito parece (y es) algo de sentido común, sin embargo en la práctica es algo muy difícil de ver. Como dice una muy sabia ex compañera de trabajo:el sentido común es el menos común de los sentidos. Gracias por leer, comentar y compartir.