Sin duda está de moda. Hacer Scrum o Kanban, contratar Scrum Masters, Product Owners y enviar a mucha gente a realizar una costosa certificación de 2 días para que se vuelvan expertos en Scrum está de moda. Mucho se ha hablado y escrito sobre agilidad, y nadie quiere quedarse abajo del tren, aunque no se entienda mucho para dónde va.

A la vuelta de las certificaciones ya tenemos lleno de expertos y ahora sólo basta ponerse a ejecutar. Se conocen todas las ceremonias de Scrum, artefactos y se tienen también todos los roles definidos. ¡Ah, y por supuesto!: post-its. MUCHOS post-its.

¿Y ahora?. Scrum. Equipos autoorganizados. Fijan el horario de sus dailys y todas las otras ceremonias, y comienzan con el sprint. Pasa el tiempo y la asistencia a las dailys empieza a decaer, o su efectividad comienza a fallar. Ni el PO ni el Scrum Master son el jefe, así que da lo mismo llegar tarde. De a poco se van cerrando sprints sin cumplir lo comprometido, y los post-its van cayendo al suelo olvidados. Luego de 2 meses no se ha entregado nada, y se está aún peor qué antes. ¡Pero si hacemos agile! ¡Pero si usamos Scrum, cómo es posible! ¡No es lo que me prometieron en la certificación de 2 días! ¡Devuelvan el dinero! (Que es bastante, la verdad)

¿Conocido? Lo más probable es que sí. Son muchas las empresas que hoy en día comienzan a acercarse al mundo de la agilidad, haciéndolo de la forma tradicional: es decir, enviando a quienes hacen el trabajo a aprender una nueva forma de hacerlo, para que luego vuelvan y la apliquen en exactamente el mismo contexto donde se encontraban al salir. Y he ahí uno de los principales inconvenientes. El “problema” con la agilidad es que no sólo llama a cambiar la forma en la que se hacen las cosas, sino también la forma en la que se piensa. Dicho cambio no debe ser sólo de las personas que quieren “hacer agile” dentro de una empresa, sino que de todos. Este agile mindset implica reflexionar sobre los diferentes roles, incluídos los asociados al management, para pensarlos, definirlos y ejecutarlos de una  manera distinta, con base en el manifiesto y los principios ágiles.

¿Pero cómo se puede llevar esto a cabo? Si ya se tomó la decisión de ser ágil (entendiendo los riesgos que conlleva), Scrum es una de las formas más comunes de aterrizar este mindset. Este marco de trabajo presenta un conjunto de ceremonias, roles y herramientas que permite llevar a cabo la nueva forma de pensar, siempre y cuando el contexto dentro del cual se está también se modifique. Sin embargo, no es la única forma. Existen otros marcos como Kanban y XP que nos permiten cumplir el mismo objetivo, de diferentes formas. Por otro lado, el uso de Scrum (u otro marco de trabajo ágil) debe estar regido por el manifiesto y los principios ágiles, y si se encuentra o realiza una modificación al marco de trabajo que lo mantenga dentro de este contexto, no debe ser eliminada sólo diciendo ¡Eso no es Scrum!.

Los marcos de trabajo ágiles son referencias, y deben entenderse como tal, y deben utilizarse siempre y cuando se tenga 100% claro la idea y los objetivos detrás de el mindset agile, la forma de pensar que hoy en día está cambiando la industria del desarrollo de software.

 

 

Gracias por leerme.